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domingo, 9 de diciembre de 2012

DE AMIGOS Y ENEMIGOS

De amigos y enemigos

   Es muy común oír decir a la gente: Sobran los dedos de una mano para contar los amigos de verdad. Y no estoy de acuerdo.  Si yo fuera americana diría: “defíneme amigo”.
   Un amigo o amiga de verdad es aquella persona que te acaricia con la mirada cuando te ve, que te transmite sin decirlo la alegría del encuentro,  que te duele no poder ir a una cita con ella  y sabes que te va a echar de menos, que se alegra con tus éxitos y se apena con tus fracasos, que te perdona que te hayas enfadado o  que la hayas criticado alguna vez - porque somos una sociedad de criticones, nos criticamos todos, padres, hijos, hermanos, amigos y hasta los que no se conocen de nada -
   En suma, un amigo o amiga  te quiere aunque la veas de pascuas a ramos,  y la quieres aunque no sepas demasiado de su vida. La amistad es cariño espontáneo y nada más, eso que se ha dado en llamar  “química”.  Por eso es fácil tener amigos, sólo hay que aprender a querer y a ser querido.
   En cuanto a los enemigos, parece ser que pensamos que  faltarían dedos en las  manos para contarlos y tampoco es verdad.
Un enemigo es alguien que se aprovecha de tus éxitos y se alegra de tus  fracasos, y eso te lo tienes que ganar a pulso. Si aspiras a ser rico y poderoso para sentirte realizado, si te compras coches de alta gama, pisos de lujo, ropa carísima de marca etc… para demostrar lo importante que eres;  si aspiras a llegar al poder para dirigir la vida de los demás;  si tienes que ser el muerto en el entierro y el novio en las bodas…, tú solito te estás ganando enemigos.
Porque los enemigos nacen de la envidia, de la marginación, de la impotencia… etc. Es verdad que te pueden salir enemigos aunque  no hagas  ninguna de esas cosas, pero son muy pocos, sobrarían  los dedos de una mano para contarlos.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

LOS COLORES DEL ALMA. Ella no lo sabe.

 Tiene cincuenta y pico años.
Fue la última hija de cuatro hermanos que vivieron en el seno de una familia acomodada, es decir, una niña bien  con una vida color de rosa.
Se casó con un amigo de siempre  creyendo que estaba enamorada pero pronto conoció el desamparo de  de  vivir con un alcohólico y  la negrura del desamor.  Aun así aguantó por los hijos, hasta que  la situación se hizo insostenible y llegó la separación,  la reconciliación y finalmente el divorcio,  eso sí, siempre arropada por su familia.
Y la vida se fue sosegando, y se tornó apacible, a pesar de que cayeron sobre sus hombros muchas responsabilidades  y tensiones: sacar adelante su empresa, educar a sus hijos en solitario y  cuidar a su padre…
Ella no sabe  que es fundamentalmente buena, cariñosa, generosa y sincera,  dice que tiene mal genio, que a veces se pasa defendiendo sus ideas…   pero yo sí lo sé porque soy su amiga,  y en su compañía me siento  en una atmósfera a veces  violeta  y a veces fucsia, que son mis colores preferidos.

domingo, 26 de junio de 2011

Belver de los Montes y sus gentes.

Conduciendo mi opel por tierras de Zamora recordaba mi infancia: El sudor de la siega y de las espigadoras detrás de los segadores; la trilla y el volteo para separar el trigo de de la paja; las mujeres lavando en el río y la ropa extendida sobre las pequeñas praderías que bordeaban la orilla; Las sopas de ajo picantes y el cocido de garbanzos al amor de la hoguera; el agua fresca del botijo… Todo eso ha desaparecido. Ahora hay tractores, lavadoras, vitrocerámica, neveras, congeladores… Pero no recordaba los calores asfixiantes, las moscas, los mosquitos… impertérritos al desarrollo tecnológico, a los insecticidas, a Internet.

Recordaba mis juegos a patadas y a pedradas; el riguroso usted a los mayores y sus coscorrones; los lutos eternos; las habitaciones comunales y las camas atiborradas de niños… Pero no recordaba la verdadera solidaridad: La del vecino con el vecino, y con el amigo, y con el forastero desconocido… Sumergida en un mundo urbanita, en una globalización que anula la personalidad, formando parte de una sociedad en la que no eres nada fuera de las cuatro paredes de tu casa había olvidado cómo era la convivencia en los pueblos pequeños, con sus dimes y sus diretes, eso es verdad, pero siempre entrañable. Y tú, Belver de los Montes, me has demostrado que aún existe esa forma de vivir en la que cada uno se siente a si mismo y sabe quién es en el seno de una colectividad que te arropa en las penas y en las alegrías… En un mundo en el que aún merece la pena vivir.

Gracias Pepe por invitarme a tu pueblo para que conociera tu vida y a tu gente. Gracias Carlos, Carmen, Manzano, Carmina, Toñín, Paco, Piedad, Pilar, Nati, Jessica, Perfe, Miguel…y tantos otros, por vuestra increíble acogida. Ha sido una ráfaga de aire fresco que jamás olvidaré.