Mostrando entradas con la etiqueta personas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personas. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de enero de 2013

LOS COLORES DEL ALMA. Como fuegos artificales.

 
                                      (Fotografía de "Fondo de vacaciones")
   

   Tiene  66 años  y es  como una traca de fuegos artificiales: una explosión multicolor que dura un instante.

   Fue una niña querida, mimada y consentida: hija, nieta y sobrina única en el seno de una familia en el que todos vivían juntos y bien avenidos.  Pero no la mimaron al estilo puritano y fariseo de la época, ella disfrutaba de una libertad poco común a su edad  y, sobre todo,  inusual  en la España de la posguerra.
Cumplidos los dieciocho se fue a estudiar a Francia y allí culminó el espíritu liberal en el que se había criado, una adelantada a su tiempo porque es el espíritu al que aspira la juventud moderna. Ha vivido y vive a su aire, al margen de los convencionalismos, tanto es así que se ha casado hace unos meses después de  de treinta y cuatro años de noviazgo,  porque ha querido, sí señor. 

 Durante  nuestra infancia,  adolescencia y primera juventud  fuimos amigas inseparables y después nuestras vidas siguieron caminos muy distintos, pero siempre hemos estado la una para la otra.

Es explosiva, discute con ardor y se enfada  para siempre, aunque al minuto ya ha cedido y olvidado.  Eso sí,  tengo que aclarar que ella y yo jamás nos hemos enfadado, aunque yo le haya fallado, cosa que ha ocurrido recientemente.  Por eso la quiero de forma incondicional.

domingo, 3 de enero de 2010

AYMAN GHAREEB . El mejor de los guías

El 17 de diciembre, el día de la gran nevada, salimos de Asturias hacia Egipto. El tren parecía el medio más seguro para llegar a Madrid y así fue.

El trayecto Gijón –Madrid fue inolvidable: estaba todo nevado: ¡un espectáculo impresionante!

Cuando llegamos a Madrid había huelga de taxistas y nos vimos negros para llegar al hotel. Al día siguiente el vuelo a Egipto salió a su hora y a las seis de la tarde llegamos a Assuan.

Inicialmente estábamos un poco desconcertados porque los letreros estaban en árabe, pero enseguida apareció Ayman.

Ayman es un hombre alto, bien parecido y habla un español casi perfecto. No tuvimos problemas, enseguida se hizo cargo de nosotros y todo fue sobre ruedas. Nos montó en un autobús y se presentó:

-Me llamo Ayman y voy a ser su guía en este viaje por Egipto. Para empezar voy a saludarles: Salamalicub ( algo así) Es nuestro saludo, que no significa serás maricón.

Todos nos reímos y luego pasó a hacernos algunas recomendaciones que resultaron muy útiles.

Después de media hora de trayecto llegamos al “Opera”, un barco muy acogedor y lujoso en el que viajaríamos durante tres días.

Ayman estaba pendiente de todo y de todos, no se le escapaba nada. Como, llamémoslo, “afitrión” hacía su trabajo de forma impecable.

Al día siguiente comenzamos el recorrido turístico propiamente dicho y Ayman resultó ser un guía enterado y entusiasta que te hacía ver las cosas con los ojos de un egipcio de hace cinco mil años. Nos asombraba su conocimiento de todo lo relacionado con la civilización egipcia y contestaba a cualquier pregunta dando toda clase de explicaciones. Nada que ver con un guía de los que se sabe el discurso de memoria.

Al fin averigüé que está casado con una española, granadina para más señas y tiene dos hijos, de ahí su buen español. Además es egiptólogo, e incluso ha trabajado durante algún tiempo en las excavaciones más recientes y en el museo de El Cairo, de ahí el gran dominio del tema y su emoción ante la cultura de sus antepasados.

Los tres días de crucero por el Nilo fueron maravillosos en todos los sentidos y en buena mediada fue así gracias a Ayman.
Al cuarto día nos trasladaron a El Cairo, a un hotel muy bueno: El Mövenpick, pero con dos grandes inconvenientes: Estaba a veinte teóricos minutos de El Cairo, pero, en realidad, era una hora y cuarto.
Y, como no había nada alrededor, estabas condenada a estar en el hotel cuando volvías de las excursiones. Y lo que es peor, en el hotel no estaba Ayman, que te lo hacía todo tan fácil. ¡Cuánto lo echamos de menos!

Gracias Ayman por haberme hecho tan agradable mi viaje a Egipto.